´La guerra es el fracaso de la política´

El general estadounidense Stanley McChrystal deja sus lecciones para Colombia.

Foto: El Tiempo
Domingo 26 de Agosto del 2012

El general (r.) norteamericano Stanley McChrystal fue, hasta hace dos años, no solo el más alto comandante de EE. UU. en Afganistán, sino el jefe de la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte), es decir, de las fuerzas aliadas de ocupación en ese país. McChrystal estuvo también en Irak, al frente de operaciones contra el grupo terrorista Al Qaeda y a la cabeza de la cacería de Osama Bin Laden. Cuando el presidente Barack Obama llegó a la Casa Blanca, inmediatamente se preparó para actuar sobre la promesa más importante de su campaña en política internacional: centrarse en la guerra de Afganistán, para lograr la paz y retirarse.

Despidió al general David McKiernan, entonces comandante de la Otan en Afganistán, y lo reemplazó por el general McChrystal. El estratega norteamericano visitó por primera vez nuestro país y conoció en detalle el llamado plan Espada de Honor (para combatir a la guerrilla). Se declaró admirado y sorprendido por la estrategia y recomendó su robustecimiento y continuidad.

McChrystal nació en Kansas y fue militar activo durante 34 años. Fue ranger, paracaidista, miembro de las fuerzas especiales e intervino en la operación Tormenta del Desierto (primera guerra del Golfo Pérsico, en el 90).

Habló para EL TIEMPO sobre Afganistán e Irak, pero parecía como si se estuviera refiriendo a Colombia y al eventual futuro de nuestro país en materia de guerra y paz. "La realidad es que la guerra es el fracaso de la política, en el sentido de que no fuimos capaces de resolver un problema sin violencia -dijo-. Y tan rápido como nos sea posible, deberíamos intentar ponerle fin a la violencia y volver a la política" . Y, luego, refiriéndose a Afganistán, afirmó: "La población se cansa de la guerra".

¿Cuál es el objetivo de su visita al país?

Fui invitado por el Ministro de Defensa para compartir mis experiencias y ofrecer mis opiniones sobre el trabajo que se está haciendo en el Ministerio.

¿Qué hacer y qué no hacer?

Es de suma importancia que el plan Espada de Honor, que tuve la oportunidad de revisar, sea ejecutado en su totalidad. Es muy completo y me sorprendió positivamente.

¿Qué tanto conoce del problema colombiano?

Es mi primer viaje. Previamente, he tenido reuniones con algunos de los líderes del país, pero creo que el valor que ofrezco es primordialmente mi experiencia.

¿Qué le ha pedido el Ministro de Defensa de Colombia?

Me ha presentado la situación y pidió mi opinión. Yo le pude aportar otra visión.

¿El terrorismo, sea de Afganistán, Irán o Colombia, es igual?

Existen similitudes, pero cada situación es única. Es de suma importancia no creer que todas las situaciones se deben tratar de la misma manera. Pero existen similitudes de las que podemos aprender.

¿Cómo cuáles?

Primero, la relación del terrorismo o la insurgencia con la población. Segundo, la importancia de desarrollar un solo esfuerzo, coordinado, de militares y gobierno, para que todos los elementos trabajen conjuntamente para lograr el objetivo. Si todos los esfuerzos se unen y se comparten cosas como información e inteligencia, para crear una sola visión, serían mucho más efectivos.

¿Cómo se hace para combatir la relación entre la población civil y la insurgencia?

En todas partes la insurgencia o el terrorismo utilizan a la población para operar desde dentro. Mao Tse Tung describió a la guerrilla como un pez que nada en el mar, y ese mar es la población. Lo más importante es lograr que la población no sienta el deseo de apoyar a los terroristas. Cuando la población cesa de apoyar a la guerrilla, los terroristas pierden efectividad.

Pero cuando el terrorista se mezcla con la población civil, no como terrorista, sino como combatiente, ¿qué hacer?

En Afganistán el principal esfuerzo fue convencer a la población de que les iría mejor apoyando al gobierno que permitiendo el avance de los talibanes.

¿Tiene o no tiene solución el terrorismo?

Sí. El terrorismo tiene una causa. A veces es la insatisfacción con la situación. A veces, el motor que lo motiva es externo, otras veces puede ser criminal.

Si el terrorismo lo origina un desequilibrio social, ¿lo importante es acabar ese desequilibrio antes que combatir el terrorismo?

Frente al terrorismo es importante proteger a la población y examinar la efectividad de las medidas. Se deben destruir las redes de los terroristas, pero a la vez, abordar las causas subyacentes de la insurgencia: el porqué existe.

¿Qué sentido tiene que para combatir una situación social, el terrorista deje sin energía, por ejemplo, a una población pobre?

Mi respuesta abarca el terrorismo como tal, y no el caso de Colombia. Lo hacen por varias razones. Primero, para demostrar una supuesta debilidad del gobierno. Segundo, quitándole a la población los servicios, originan reacciones contra una supuesta responsabilidad del gobierno. Y lo tercero es dar la impresión de que los terroristas están fortalecidos. En Afganistán, los talibanes amenazaban las redes de teléfonos celulares y forzaban a suspender operaciones en la noche, y el efecto era que en las noches todo afgano recibía una demostración del poder de los talibanes. Incluso, si cualquier afgano no hubiese visto en su vida a un talibán, todas las noches le recordaban su poderío por la falta de celulares.

¿Y qué hizo usted?

Trabajamos para acabar con este problema, protegiendo las redes. La insurgencia trata de dar a conocer sus puntos de vista y sus argumentos, demostrando poder, con la idea de darle a la población la sensación de que ellos la están ayudando. Al final, el ganador es el que logre convencer a la gente de que la población saldría más favorecida si su lado gana.

¿El terrorismo como instrumento de guerra es prueba de fortaleza o de debilidad?

El deseo del insurgente es demostrar su fortaleza y la debilidad del gobierno. El éxito del Gobierno colombiano y de las Fuerzas Armadas y de Policía en Colombia ha sido impactante. Ahora, desde su posición de debilidad, las Farc realizan ataques de alto impacto, para tratar de mostrar su relevancia.

Cuando estaba al frente del Ejército en Afganistán, ¿qué fue lo más difícil?

Afganistán llevaba en guerra más de 30 años: la invasión soviética, la guerra civil y, posteriormente, el periodo de los talibanes. La población estaba cansada y había perdido la fe en su gobierno, porque durante más de una generación fue difícil para el gobierno proporcionar seguridad, y tuvimos que convencer a la población de que el gobierno creado estaba en capacidad de atender sus necesidades.

¿La acción militar del gobierno debe ir acompañada por una acción social?

Sí.

Y si no, ¿hay riesgo de no obtener el apoyo de la población?

La población de Afganistán, por ejemplo, lo único que veía con los talibanes era violencia. Con nuestra llegada seguía viendo violencia y era difícil decirles que les iba mejor con el gobierno. Las acciones militares deben ser muy efectivas. La guerrilla tiene que entender que más temprano que tarde los matan o los capturan. Y la población debe sentir que existe un jefe guerrillero que los amenaza y que, finalmente, a ellos también los capturan o los matan.

¿Qué es primero: combatir a la insurgencia o atender a la población civil?

Hay que hacer ambas cosas. Prevenir acciones terroristas, imponer la ley para proteger a la población y ser efectivos militarmente. Así como en tiempos de paz la Policía protege a cualquier ciudadano, en tiempos de guerra el gobierno también tiene la responsabilidad de dar lo que dicha población necesita.

Por su experiencia en Irak y en Afganistán, ¿para la paz hay que ganar la guerra?

Mi trabajo como soldado era o ganar la guerra o proporcionarles a los líderes políticos la habilidad para poderla ganar.

¿Pero primero hay que ganar la guerra?

Es una decisión política.

¿En Afganistán, para lograr la paz, fue indispensable ganar primero la guerra?

Hay que definir lo que es ganar. Nosotros ganamos en Irak cuando los sunitas, que apoyaban a la insurgencia, tomaron la decisión de que era una mejor opción para ellos entrar en la contienda política que combatir.

¿Deben estar las fuerzas políticas y militares de acuerdo en lo que hay que hacer?

Deben estar sincronizados, pero las fuerzas políticas son las que toman las decisiones, y estas se informarán con las opiniones de los militares. En derecho y por mi experiencia, las decisiones dependen del poder civil.

Para negociar una paz en Afganistán, en Irak, en Siria... ¿se podría hablar simultáneamente de paz sin que termine la guerra?

Cada situación es única. Si piensa en el pasado, en la Segunda Guerra Mundial, la condición establecía que se debía lograr una rendición incondicional de Japón y se tomó la decisión de derrotarlo, y luego hacer los acuerdos de paz. Pero la mayoría de las guerras no son así. La mayoría de las guerras empiezan y en algún momento ambas partes llegan a una conclusión. Y en casi todas las guerras, las partes mantienen opciones de paz sin expectativas de exterminar al otro bando.

El fin de la guerra, en cualquier nación, ¿es un asunto militar o político?

Como dijo Carl von Clausewitz (militar prusiano, teórico de la ciencia militar moderna y conocido por su tratado De la Guerra, en el que en 8 volúmenes analiza los conflictos armados, tácticas, estrategias y filosofía): "La guerra es una extensión de la política, pero por otros medios". Y como agregaría un amigo mío: "No obstante debe, en todo caso, regresar a la política", nos guste o no.

¿La guerra la crean los políticos, la ganan los militares y vuelve a los políticos?

La realidad es que la guerra es el fracaso de la política, en el sentido de que no fuimos capaces de resolver un problema sin violencia. Y tan rápido como nos sea posible, deberíamos intentar ponerle fin a la violencia y volver a la política.

En Colombia, para ganar la guerra, ¿es indispensable contar con el apoyo político?

Sí.

Pero a usted lo acusaron de haber hecho lo contrario, de reaccionar contra el poder político de su país, por decisiones sobre la guerra...

¿Yo? Esa pregunta se basa en un supuesto equivocado.

¿No hizo críticas a la política del presidente Obama? La revista 'The Rolling Stones' reveló críticas suyas al poder político y eso provocó su retiro. ¿O no?

Hubo un artículo que atribuyó algunos comentarios a personas bajo mi cargo. Generó una controversia y por ello ofrecí mi renuncia al presidente Obama. El rol del comandante no es crear controversias a su presidente. Tuve buenas relaciones con Obama, y sigo teniendo una buena relación con él.

Veo que el tema le incomoda, ¿pero le puedo hacer otra pregunta?

No. Usted no me dijo que ese tema sería tratado en esta entrevista.

Digamos que en ese episodio hubo una especie de 'labor de inteligencia' del periodista que lo cubría en Afganistán. En las guerras, ¿qué tan importante es la acción de inteligencia?

La inteligencia lo es todo, desde tener una perspectiva global del problema, hasta las formas de enfrentarlo. Me impresiona muy positivamente que la mayor parte de eso ya se hizo en Colombia, pero hay que desarrollar redes, conexiones, sistemas, computadores, telefonía y contar con grupos de inteligencia que reúnan las diferentes instancias del gobierno y de los militares para que faciliten el trabajo conjunto, ya que esto permite que la información fluya rápido y que las personas puedan operar teniendo una mejor y más clara perspectiva de la situación. La lección más importante que aprendí de Irak y Afganistán no fue cómo matar gente, sino la importancia del trabajo en equipo dentro del gobierno para apoyar a la población.

Colombia tiene además el problema de que la insurgencia se protege en países vecinos. ¿Qué hacer?

Eso es asunto histórico. Afganistán, Irak, Vietnam, tenían el mismo problema y no hay una solución sencilla. Mi opinión es que desde lo militar se haga lo que se tiene que hacer en la frontera. Gran parte del problema es político y lo deben abordar los políticos.

¿Tiene alguna opinión sobre el presidente Chávez?

Sí.

¿Y la puedo conocer?

No. Es personal.

Qué debería hacer Colombia para enfrentar al terrorismo?

Implementar el programa Espada de Honor para unir de manera más afectiva a las fuerzas de seguridad, porque Colombia ha alcanzado grandes hitos en su efectividad, y este puede ser el siguiente paso. Siempre hay un siguiente paso.

¿Cuál debe ser este, ahora?

Aumentar coordinación interna, ser más efectivos, proteger cada vez más áreas y presionar más a las Farc. Pero como las situaciones cambian constantemente, las Farc cambian, las condiciones cambian, creo que es importante tener un plan que pueda revisarse para irlo ajustando.

Con los ataques a torres de energía, la guerrilla siembra minas alrededor...

Es un problema, pero muestra una táctica fruto de debilidad. La guerrilla tiene el mismo problema del Gobierno: convencer a la población, y mientras pueda demostrar fortaleza, atacan algunos blancos. Pero se equivocan, no ganan el apoyo que buscan del pueblo quitándole la energía.

Qué conclusiones se pueden sacar de esta entrevista?

La primera: hay que ganar el apoyo de la población. La segunda: que Ejército, Policía, Armada y Fuerza Aérea funcionen como uno solo, una familia.

Primero la población civil, segundo la atención social y luego la unión de todas las fuerzas armadas. El mismo plan, el mismo objetivo, la misma estrategia, ¿y así ganamos la guerra?

Sí.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO