'Chávez sí debe venir a posesión de Santos': monseñor Salazar

Monseñor Salazar dice que la Iglesia no es de derecha.
Iglesia Católica espera que el Presidente electo normalice relaciones con Venezuela.
Foto: El Tiempo
Domingo 11 de Julio del 2010


Colombia tendrá este año dos nuevos cardenales, si se cumple la predicción de Monseñor Rubén Salazar, actual arzobispo de Barranquilla.

Uno de ellos sería él mismo, quien acaba de ser designado por el Papa Benedicto XVI nuevo arzobispo de Bogotá, primado de Colombia. Históricamente, el prelado que ocupa la Arquidiócesis de la capital es designado Cardenal. El segundo, sería monseñor Octavio Ruiz, actual vicepresidente de la Comisión del Vaticano para América Latina.

En la siguiente entrevista, Monseñor Salazar habla del que se considera seguro cardenalato y de las gestiones que cumplirá como nuevo arzobispo de Bogotá.

Se queja de que la Iglesia da la sensación de estar anquilosada y anuncia planes de modernización para incluirla en la dinámica del mundo actual.

Revela un acuerdo entre los presidentes de las conferencias episcopales de Colombia, Venezuela y Ecuador, para favorecer la pronta normalización de las relaciones entre las tres naciones.

Considera Monseñor Salazar que "son indispensables las buenas relaciones con Venezuela" y se declara abiertamente partidario de que el presidente Chávez asista a la posesión del presidente electo, Juan Manuel Santos.

Históricamente, quien ha sido Arzobispo de Bogotá es luego consagrado como Cardenal. ¿Cree inminente su designación?

Ser Cardenal significa una importante oportunidad de servicio: a la comunidad y al Papa, en el gobierno universal de la Iglesia.

¿Es posible que sea nombrado más de un Cardenal para Colombia?

Que Colombia tenga dos o tres cardenales, ya ha sucedido. Ojalá sean dos o tres, porque sería una gran distinción para nuestro país.

¿Usted dice "ojalá", pero cree que ocurrirá?

No quiero hacer el papel del pulpo del fútbol, pero pienso que podrían ser dos.

Uno, usted. ¿Y el segundo?

Me parece que Monseñor Octavio Ruiz está prestando un servicio muy importante en Roma; en este momento, él es el vicepresidente de la Comisión para América latina en El Vaticano y es posible que el Papa lo llame a prestar un servicio de mayor rango al interior de la curia romana.

¿Cuándo podrían ocurrir los nombramientos de los dos Cardenales?

Sólo el Papa sabe y decide cuando convoca el consistorio, es decir la reunión con los Cardenales para tratar temas especiales de la Iglesia. Normalmente dentro de los consistorios, el Papa nombra nuevos Cardenales; pero es un tema muy difícil para hacer conjeturas. Todo depende fundamentalmente de la voluntad del Papa.

¿Ser arzobispo de Bogotá, como ser Cardenal, supone también la adquisición de un gran poder político?

Sí, en el sentido de que nosotros como Iglesia tenemos una influencia muy grande, porque la mayoría del país es católico, porque la Iglesia tiene un cuerpo de doctrina social que incluye lo político, lo económico, lo cultural y porque la Iglesia, a partir del evangelio, ha hecho un trabajo de permanente presencia en la sociedad.

¿Y de qué manera piensa ejercer el poder político que va a recibir?

Fomentando el diálogo. Acercarse al Gobierno, al Congreso, a las cortes, para adelantar con los poderes civiles un diálogo sobre temas importantes del país.

Sobre este tema del diálogo, hay una discusión sobre el tipo de relaciones que debe tener Colombia con Venezuela. Mientras el presidente Santos declara que vería con simpatía que el presidente Chávez asista a su posesión, el presidente Uribe pide una relación "sin hipocresías" con Venezuela, oponiéndose a la visita del presidente Chávez. ¿Usted que cree?

Me parece que el diálogo es un gran instrumento para lograr el bien común. Es el único mecanismo para obtener consensos, caminos comunes y soluciones conjuntas. Me parece sumamente importante que vengan a la posesión del presidente Santos, tanto el presidente Correa, como el presidente Chávez.

¿Por qué lo considera así?

Porque sería el comienzo de un camino para limar todas las asperezas, solucionar todos los conflictos y enfrentar todas las dificultades que se han presentado. No creo que con la sola visita de ellos se solucionen todos los problemas, como por arte de magia, pero sí pienso que puede ser un signo muy importante para iniciar un nuevo clima de diálogo y de camino hacia una verdadera fraternidad. Eso no significa que los presidentes tengan que compartir políticas ni puntos de vista, sino que trabajen, con mutuo respeto, por el bien común de las tres naciones y, como gente democrática y civilizada, demuestren que todos somos capaces de tener posiciones políticas diferentes, pero que, por encima de las ideologías, prima el bienestar de la población de los tres países.

Para usted, que fue arzobispo de Cúcuta, ¿qué tan importantes son las buenas relaciones con Venezuela?

Son absolutamente indispensables. Cuando uno vive en Cúcuta, confirma que la frontera es una línea divisoria política, pero que, realmente, no existe ni humana ni social ni económicamente. No hay una sola persona en Norte de Santander que no tenga vínculos familiares o comerciales o de amistad con personas venezolanas. Muchísimos tienen cédula colombiana y cédula venezolana; muchos viven en Colombia y trabajan en Venezuela. Crear una barrera que separe a la gente allí es una verdadera tragedia, porque rompe una convivencia histórica permanente y acaba con la posibilidad de una vida en común.

¿Usted cree que Colombia se ha aislado un poco del continente?

Me parece sumamente importante que el señor presidente Santos empiece una política de verdadera cercanía y diálogo con el resto de América Latina. Creo que llegó la hora de incorporar al país de nuevo al continente. Aún más: tengo la impresión de que eso es lo que quiere Estados Unidos respecto a nuestro país. Creo que el señor presidente Obama y la señora Hillary Clinton, su secretaria de Estado, quieren que Colombia no siga con una relación excepcional sólo con ellos, sino que se inserte más en el contexto de América Latina para que haya una relación mucho más equilibrada entre todas las naciones.

¿Por qué cree eso del Presidente Obama y de la señora Clinton?

El cambio de Gobierno en Estados Unidos cambió también las realidades. Con el presidente Bush teníamos una relación casi privilegiada, de apoyo casi incondicional de Estados Unidos hacia Colombia. El presidente Obama en cambio está más en la tónica de respeto de los derechos humanos, de apertura a ciertos valores políticos. El partido demócrata, ahora en el poder, es mucho más sensible a las realidades sociales, más abanderado del respeto a los derechos humanos.

¿Entonces, en su opinión, razón tienen los demócratas en oponerse al TLC, por violación a derechos humanos?

En Colombia hay mucho que cambiar en este campo del respeto a los derechos humanos, al sindicalismo, a la clase obrera. Se han hecho esfuerzos grandes, pero no bastan. Es que el respeto a los derechos humanos no es sólo conservarle la vida a una persona. Es también el acceso a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda, a tantas cosas que hacen digna la vida. Desafortunadamente, la Constitución del 91, que tiene ese espíritu social y esas normas, no ha sido asimilada suficientemente ni hemos sido capaces de ponerla en práctica.

¿De qué manera podría contribuir la Iglesia, con usted a la cabeza, al restablecimiento de unas relaciones normales con Venezuela y Ecuador?

Nosotros, los presidentes de las conferencias episcopales de los tres países, nos hemos estamos reuniendo con periodicidad. Reuniones en que compartimos análisis y preocupación por los problemas que se presentan. La hermandad de nuestras tres iglesias puede llevar más adelante a que nosotros empecemos a tener una influencia más fuerte sobre los fieles, para crear un ambiente positivo de integración y de reconciliación entre los tres países. Nosotros podemos contribuir, más que con los gobiernos, con los pueblos, para establecer un verdadero sentido de fraternidad y de solidaridad.

¿Qué podrían proponer los presidentes de las tres conferencias episcopales?

Que llegó el momento de normalizar totalmente las relaciones.

¿Quiénes son los presidentes de las tres conferencias episcopales?

Monseñor Ubaldo Santana, arzobispo de Maracaibo; Monseñor Antonio Arregui, arzobispo de Guayaquil, y yo. Acordamos que se debe buscar un acercamiento, una solución de los conflictos y la recuperación de la unión profunda de los tres países.

¿Y qué opina sobre la denuncia de que Venezuela es lugar de protección de dirigentes guerrilleros?

Precisamente, ese sería uno de los problemas que hay que solucionar a través del diálogo entre los dos gobiernos. Todos los indicios muestran que verdaderamente la guerrilla encuentra cierto refugio en Venezuela y es un tema para el diálogo. Hay que cambiar la actitud de confrontación, por la del acuerdo.

¿Por qué si la Iglesia es considerada institución de derecha usted no parece estar en esa posición?

No es que la Iglesia sea de derecha, lo que pasa es que, como institución, se ha vuelto pesada para moverse y para cambiar, precisamente porque es una institución sumamente fuerte. Un cambio de actitud, una renovación, no es fácil, no se puede hacer de la noche a la mañana, eso requiere tiempo. Por eso, la Iglesia da muchas veces la sensación de estar anquilosada, pero nos hemos movido más de lo que verdaderamente se percibe, especialmente desde el Concilio Vaticano II. Pero, es cierto, se necesita ahondar más en los cambios.

¿Cuando usted dijo en una conferencia de prensa que se avecinaban grandes transformaciones, a qué se refería?

Esta no solamente es una época de cambios sino un cambio de época. Por eso es tan traumático el momento que vivimos, porque no hay seguridad en los pasos que se están dando, estamos dejando de ser de una manera, pero todavía no somos lo que vamos a llegar a ser. Este es un momento de transformación rápida y la tecnología impone velocidad en reformas. Ese es un reto grande para la Iglesia, que tiene que moverse para estar a tono con los cambios. La Iglesia no puede seguir con ese ritmo lento que trae: tiene que cambiar en metodología, en acción pastoral para responder a los desafíos de una realidad cambiante.

¿Y también cree que la manera cómo se dirige al país cambiará?

Claro que sí. En el campo económico, por ejemplo, el señor presidente Uribe ha sido muy exitoso en lo que podríamos llamar el crecimiento macroeconómico del país. El PIB ha subido, la industria ha crecido, la inversión extranjera se multiplicó. Pero cuando uno baja hacia la gente común y silvestre, se encuentra con que el país no solamente no ha avanzado sino que retrocedió. Uno ve que hay hambre, que hay más pobres, más desplazados, que la pobreza ha adquirido nuevas y graves dimensiones, que hay una indigencia muy grande en el país, que hay una marginación muy fuerte. Capto que el presidente Santos tiene un sentido de mayor crecimiento económico pero con desarrollo social. Se necesita que el crecimiento económico signifique también que la población toda, hasta en los niveles más bajos, se beneficie y participe; se integre a la vida económica nacional.

¿Es decir, Colombia, socialmente, enfrenta una grave crisis?

Hay hambre, hay mucha gente que no tiene oportunidades de salir adelante; hay gente que nace marginada y no tiene ninguna posibilidad de integrarse. Nuestra educación es muy deficiente: se ha avanzado en cobertura pero se ha perdido en calidad. En Barranquilla, por ejemplo, me impresiona tanto la cantidad de colegios, como el descenso en la calidad.

¿Frente a la importancia que usted le otorga al diálogo en todos los campos, qué opina del enfrentamiento entre el Presidente Uribe y las cortes?

Esas son situaciones totalmente anormales y absurdas. Anormales, porque lo lógico es que dentro de un Estado de derecho todos los poderes funcionen armónicamente y sin choques, para que el Estado funcione en la búsqueda del bien común. Absurdas, porque son situaciones extremas que no debieron presentarse. Creo que el presidente Santos se va a comprometer muy a fondo en lograr esa armonía al interior del Estado.

¿Usted es partidario de Gobierno de 4 años o de 8, con reelección?

Me parece que la opción de la reelección por una sola vez, debe existir. Cuatro años pueden ser son poco tiempo para que una persona logre avances significativos y ocho años son suficientes para lograrlos. Más de ocho años es caer en el exceso.

Desde hace varios años, Colombia no tenía la coincidencia de tener al frente del poder civil a un bogotano y al frente del poder eclesiástico a otro bogotano. ¿Eso significará un regreso al centralismo?

No, porque el presidente Santos ha dado muestras de su compromiso con todas las regiones del país y yo he vivido toda mi vida afuera, he estado más vinculado al Tolima, a Norte de Santander y a la costa. ¡Yo soy un bogotano muy desteñido!